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                         Asociación Cristiana de Iglesias Misioneras,  Inc.                           Estudios Bíblicos

Pedro y Pablo hablaron una misma cosa

Textos Base: 2 de Timoteo 3:16,17; 2 de Pedro 1:1,2

Introducción

     Mucho es lo que se habla en estos días de la supuesta contradicción del Evangelio que predicó Pedro del que predicó Pablo.   Esto como si fueran dos Evangelios diferentes.   ¿Será cierto esto?, ¿Se podrá en realidad probar tal aseveración?, o ¿Será que se está buscando una excusa para quebrantar lo que nos enseña las Santas Escrituras, las cuales predicaron tanto Pedro como Pablo?. Veamos:

 1-  Diferencias no significan contradicción:   (Leer Galatas 2:11-21; Hechos 9:1-6;20-29; 10:1-48; 15:1-29).

      En el trasfondo Bíblico de Gálatas el Apóstol Pablo nos testifica como después de haber conocido al Señor camino a Damasco  (Hechos 9:1-6) y ser llevado por dirección del Señor al desierto de Arabia para ser preparado como “ Instrumento escogido” descendió a Jerusalén para entrevistarse con los Apóstoles que todavía estaban ministrando allí (Hechos 9:20-29).   Esto supone una fecha de alrededor de los años 34 al 35 d.C..    En la persecución contra los Cristianos todavía no habían expulsado a los Apóstoles de Jerusalén y esta seguía siendo su centro de operaciones Ministerial.

          El concilio de Jerusalén aun no se había celebrado, esto siguiendo el relato de Pablo en Gálatas.    Cuando leemos los primeros capítulos del libro de los Hechos encontramos una Iglesia compuesta por Judíos convertidos al evangelio de Jesucristo tanto residentes de Jerusalén como de los de la dispersión ( Hechos 2:14).   Las diferencias en la Iglesia no habían aflorado pues estando establecida en Jerusalén y teniendo como centro de reunión y culto el templo de Jerusalén parecería como si fuera una nueva facción  como otras muchas que ya existían dentro del judaísmo.   Por eso vemos que al principio se les llamaba “Los del camino”    De manera que habían cosas en la Iglesia que poco a poco Dios  las pondría en su perspectiva correcta en la medida que ésta fuera creciendo y madurando en su fe.   Este crecimiento no excluía a sus líderes que apenas comenzaban a conocer el Evangelio de la Gracia Salvadora bajo el poder de la llenura del Espíritu Santo.

      Menciono el concilio en Jerusalén con el propósito de dejar ver la transparencia de conciencia conciliatoria que existía tanto en Pablo como en Pedro al momento de ser celebrado.   Allí se fue a corregir cierto desorden que estaba siendo promovido dentro de la Iglesia por una facción de Judíos de “la secta de los Fariseos” que querían hacer a los creyentes de entre los gentiles a “circuncidarse y guardar la Ley de Moisés”(Hechos 16:5).   Pues según ellos decían “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos" (Hechos 15:1).

     Las escrituras declaran que Bernabé y Pablo fueron bien recibidos en Jerusalén, tanto de “la iglesia como de los Apóstoles y los ancianos” (15:4).   No olvidemos que Pedro estaba allí y era uno de los principales de los Apóstoles.

      El problema a tratarse en Jerusalén no eran las “supuestas diferencias” entre Pedro y Pablo pues sino Pedro y Pablo no hubieran sido usados como instrumentos de Dios para exponer las soluciones al problema bajo la guianza y dirección del Espíritu Santo.   A estas alturas de su vida ministerial el Apóstol Pedro había sido tratado en la presencia del Señor por dos incidentes mencionados en las escrituras.   El primero lo menciona el Apóstol Pablo en Gálatas 2:11-21.   En esta ocasión Pablo le reprochó a Pedro su hipocresía.   Este todavía tenía ciertos vestigios del legalismo hipócrita que tanto daño hizo ayer como lo sigue haciendo hoy.

      Es allí donde el Apóstol le recuerda a Pedro que: “El hombre no es Justificado por las obras de la ley si no por la fe en Jesucristo” (Gálatas 2:16 ).  Y como decimos en el campo "Para terminar de afeitarlo" Dios lo llevo a casa de Cornelio para dejarle saber que: “Lo que Dios limpio no lo llame inmundo el hombre”.   Bajo esta experiencia el entendió que: “Dios no hace acepción de personas, si no que en toda nación se agrada del que le teme y hace Justicia”.   Por eso quedo: “Atónito cuando vio a los creyentes entre los gentiles recibir el Espíritu Santo y hablar en otras lenguas y que magnificaban a Dios”.    Al cabo de tan trascendental experiencia entendió que el reino de Dios se abrió para los gentiles y él mismo ordenó que fueran bautizados en agua (Hechos 10:15, 34,35,44-48).

      Estas maravillosas experiencias crearon nuevas convicciones con relación a su fe y los postulados espirituales y eternos que desde ese momento en adelante serían principios a seguir y vivir dentro de la naciente iglesia.   La iglesia recibió el testimonio de Pedro con: “mucho gozo maravillados que a los gentiles también Dios había dado arrepentimiento para vida” (Hechos 12:17,18).

      Es por esta razón que el concilio en Jerusalén no es una disputa de legalismo entre Pedro y Pablo si no contra los de la Secta de los fariseos quienes fueron reprendidos y desenmascarados por los poderosos testimonios que dieron tanto Pedro (15:7-11) como Bernabé y Pablo (15:12-21).

      Después de estos testimonios hubo tal acuerdo en la Iglesia que por testimonio del Espíritu Santo decidieron: “no imponer ninguna carga mas que estas cosas necesarias: que os obtengáis de las cosas sacrificadas a los ídolos, de ahogado, y de fornicaciόn; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis” (Hechos 15:28-29)

Por estas razones es que podemos leer del Apóstol Pedro en 2 de Pedro 1:1:

     “Simón Pedro, Siervo y Apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra”.   La persecución contra la Iglesia hizo propicio que resaltaran de ella su propia estructura espiritual y que su identidad y vida fueran el resultado de su relación con el Cristo resucitado y no alguna influencia que el Judaísmo ejerciera sobre ella.   En el concilio en Jerusalén se habían establecidos las bases de la fe Cristiana y esto era un asunto ya claro entre los verdaderos líderes dentro de la Iglesia.   Tan claro era esto para Pedro que cita sin resentimiento, ni remordimiento, ni raíz de amargura al Apóstol Pablo diciendo:

      “Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para Salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus Epístolas hablando en ellas de estas cosas;  entre las cuales hay algunas difíciles de entender,  las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras para su propia destrucción” ( 2 de Pedro 3:15,16).

      La fe de Pedro y Pablo a estas alturas de su vida era igualmente preciosa.   Es  por eso que en sus escritos ambos por inspiración del Espíritu Santo hablan una misma cosa y en ningún momento hay entre ellos contradicción.   Veamos algunos pasajes paralelos escritos por Pedro y por Pablo.

      1 Pedro 3:1:     “Asimismo vosotras,  mujeres,  estad sujetas a vuestros maridos;  Para que también los que no creen en la palabra,  sean ganados sin palabras por la conducta de sus esposas”.

        Efesios 5:22:     “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos,  como al Señor.

     Colosenses 3:18:     “Casadas,  estad sujetas a vuestros maridos,  como conviene en el Señor”.

      1 Pedro 3:3,4:     “Vuestro atavió no sea el externo de peinados ostentosos,  de adornos de oro o de vestidos lujosos,  sino el interno,  el del corazon,  en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible,  que es de grande estima delante de Dios”.

      1 de Timoteo 2:9,10:     “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia;  No con peinado ostentoso,  ni oro,  ni plata,  ni vestidos costosos,  sino con buenas obras,  como corresponde a mujeres que profesan piedad”.

     1 Pedro 3:7:     “Vosotros,  maridos,  igualmente,  vivid con ellas sabiamente,  dando honor a la mujer,  como a vaso mas frágil,  y como a coherederas de la Gracia de la vida,  para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

     Efesios 5:25:     “Maridos amad a vuestras mujeres,  así como Cristo amό la  Iglesia,  y se entregó así mismo por ella”.

     Colosenses 3:19:     “Maridos amad a vuestras mujeres,  y no seáis ásperos con ellas”.

     2 Pedro 1:12:     “Por esto,   yo no dejare de recordaros siempre las mismas cosas aunque vosotros las sepáis,  y estéis confirmado en la verdad presente”.

      Filipenses 3:1     “…A mi no me es molesto el escribiros las mismas cosas,  y para  vosotros es seguro”.

      2 Pedro 3:10:     “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche;  en el  cual los Cielos pasarán con grande estruendo,  y los elemento ardiendo serán desechos,  y la tierra y las obras que en ella hay  serán desechas”.

     1 Tesalonicenses 5:2,3:     “Por que vosotros sabéis perfectamente que el día d Señor vendrá así como ladrón en la noche;   que cuando digan Paz y  seguridad,   entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta,  y no escaparán”.

     Estos son solo algunos textos Bíblicos (aunque la evidencia es mucho mas abundante) que nos muestran la afinidad espiritual que habían en las enseñanzas escriturales que predicaron tanto Pedro como Pablo.   Debemos concluir que quienes declaran las supuestas diferencias o contradicciones de estos dos insignes Siervos de Dios no buscan si no una excusa para vivir en sus vicios y disoluciones morales que van en contra de los principios que ellos predicaron.

Preparado por: Pastor Raúl Medina 

No olvide orar y cooperar con esta obra de Fe y esfuerzo Misionero.

Dios te Bendiga sobreabundantemente

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